Cuando el cambio desafía nuestra resiliencia
Es habitual que, ante situaciones como dificultades laborales, cambios de residencia o conflictos personales, surja una respuesta de estrés que, si no se gestiona, escala hacia ansiedad o tristeza persistente. Cuando los problemas de adaptación se prolongan, pueden aparecer síntomas de depresión o insomnio que limitan nuestro día a día. Muchas personas experimentan una baja autoestima al no sentirse capaces de integrarse a su nueva realidad, o incluso llegan a sufrir ataques de pánico ante la presión de cumplir con las expectativas del nuevo entorno, lo cual requiere un manejo emocional preciso para no caer en una dependencia emocional que nos estanque.
