De la tensión pasajera a los trastornos emocionales
Es habitual que el estrés sostenido derive en episodios de ansiedad que interfieren con nuestras tareas diarias. En estados de tensión extrema, pueden surgir ataques de pánico que limitan nuestra movilidad y seguridad en la ciudad. Paralelamente, la persistencia del malestar puede desencadenar un cuadro de depresión o una tristeza persistente difícil de sacudir. El insomnio suele ser uno de los primeros indicadores de que el sistema nervioso está sobrecargado, afectando directamente nuestra capacidad de resiliencia frente a los problemas de adaptación.
